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Si te apetece ver el barroco granadino en su versión más directa, la Cartuja es una visita que encaja sola. Empezó a levantarse en 1506, pero el conjunto se fue completando durante más de 200 años, y eso se nota en cómo conviven las distintas fases del proyecto. El origen está en unas tierras ligadas al Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, y el monasterio estuvo habitado por monjes cartujos hasta el siglo XIX, cuando llegó la desamortización y fueron expulsados.
Hoy el recorrido se entiende por dos paradas que justifican la entrada casi por sí mismas: la iglesia y, sobre todo, la sacristía, con una decoración que no se parece a nada de lo que sueles ver en Granada. A eso se suma el sagrario de Francisco Hurtado Izquierdo, con la cúpula pintada por Antonio Palomino, y la pinacoteca con obras del hermano Fray Juan Sánchez Cotán.
El Monasterio de la Cartuja de Granada es uno de los grandes nombres del barroco claustral en España, y su historia se entiende rápido con un dato clave: aunque empezó a construirse en 1506, las obras se alargaron más de 200 años. Ese tiempo explica por qué el conjunto se fue definiendo poco a poco, hasta llegar a las zonas que hoy concentran lo más especial de la visita.
El origen está en unas tierras cedidas por el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, pero el monasterio no acabó ocupando exactamente ese emplazamiento. El proyecto cambió de lugar, y eso sugiere que la idea inicial se desestimó pronto, incluso con la donación hecha.
Durante siglos lo habitaron monjes cartujos, hasta que en el siglo XIX llega la desamortización, se expulsa a la comunidad y el edificio entra en otra etapa. Además, el conjunto monumental fue mucho más grande, pero parte de sus dependencias se perdieron o se demolieron con el tiempo. Aun así, lo que ha llegado es lo que hace que merezca la visita hoy: destacan la iglesia y, sobre todo, la sacristía, con una decoración tan abundante que la convierte en una de las zonas más singulares del monasterio.
También está el sagrario levantado por Francisco Hurtado Izquierdo, con la cúpula pintada por Antonio Palomino, y la pinacoteca donde sobresalen las obras del hermano Fray Juan Sánchez Cotán. Desde 1931 está protegido como monumento y es Bien de Interés Cultural.
La visita hoy se entiende bien si vas directo a lo que mejor se conserva del conjunto. La Cartuja fue mucho más grande, pero con el tiempo se perdieron dependencias y partes del complejo.
H3: 1. La iglesia
Es el gran espacio que ordena la visita. Aquí entiendes el tamaño real que llegó a tener el monasterio y cómo se pensó como un conjunto religioso completo, no como una sola sala “bonita” para ver rápido.
H3: 2. La sacristía
Es el punto que más marca la experiencia. No se conoce con certeza su autoría, pero lo que ves es una decoración muy abundante que convierte esta zona en una de las más singulares del monasterio.
H3: 3. El sagrario de Francisco Hurtado Izquierdo
Este espacio tiene nombre propio en la Cartuja. Se construye como una pieza diferenciada y es donde aparece uno de los elementos que más se recuerda al salir.
H3: 4. La cúpula pintada por Antonio Palomino
Está en el sagrario y es uno de esos detalles que justifican la visita por sí solo. Si vas con poco tiempo, este es uno de los puntos que no conviene saltarse.
H3: 5. La pinacoteca con Fray Juan Sánchez Cotán
La Cartuja no es solo arquitectura. Aquí entra la parte de pintura, con las obras del hermano Fray Juan Sánchez Cotán como referencia principal dentro del conjunto.
De domingo a viernes abre de 10:00 a 18:30, con último acceso a las 18:00 y cierre completo del monumento a las 19:00. Los sábados el horario se divide en dos tramos: por la mañana de 10:00 a 12:15 con última entrada a las 12:45, y por la tarde de 15:00 a 17:30, con último acceso a las 18:00.
Permanece cerrado el 25 de diciembre y el 1 de enero, y los días 24 y 31 de diciembre el cierre se adelanta a las 14:00.
La entrada general cuesta 7 €. El precio para estudiantes menores de 25 años con acreditación es de 5 €, y el acceso para personas con capacidades diferentes también es de 5 €. Los menores de 12 años, siempre acompañados, entran gratis.
Es Bien de Interés Cultural y está protegido oficialmente desde 1931, pero su historia empieza mucho antes.
La Cartuja arranca en 1506 y aun así tardó más de 200 años en terminarse, por eso dentro conviven decisiones y estilos de épocas distintas.
El origen está en unas tierras cedidas por el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, aunque el monasterio acabó en otro emplazamiento y todo apunta a que el proyecto inicial se enfrió muy pronto.
Durante siglos fue casa de monjes cartujos, hasta que en el siglo XIX llegó la desamortización y se les expulsó del edificio.
El conjunto fue mucho más grande, pero una parte se perdió o se demolió con el tiempo, y hoy la visita se concentra en lo que mejor ha resistido.
La sacristía es el gran golpe de efecto del recorrido, y precisamente impresiona más porque no se conoce con certeza su autoría.
El sagrario lo firma Francisco Hurtado Izquierdo, y ahí está una de las claves visuales del monasterio, la cúpula pintada por Antonio Palomino.
Y la Cartuja también se visita con los ojos de un pintor, porque conserva una pinacoteca donde destacan las obras de Fray Juan Sánchez Cotán.
Visita guiada por el Monasterio de la Cartuja de Granada
El guía te explica el origen del proyecto ligado al Gran Capitán, qué cambia con la desamortización del siglo XIX y por qué hoy el recorrido se concentra en lo mejor conservado: la iglesia, la sacristía y el sagrario de Francisco Hurtado Izquierdo, con la cúpula pintada por Antonio Palomino.
La forma más fácil de encajar el Monasterio de la Cartuja de Granada es el tour Privado por Granada, porque te deja adaptar tiempos y recorrido y añadir la Cartuja sin depender de una ruta cerrada por el centro, y, si prefieres primero una panorámica general, el free Tour por Granada te da la explicación principal histórica de la ciudad.
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